experimentos con gaseosaweblog de serie B
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema micro-relatos. Cosas de ambulatorioEstoy en la consulta del otorrino, más concretamente en la sala de espera. Ya sabes que en la sala de espera del medico siempre está el típico viejecito que te da la chapa y que como se aburre pues se inventa una enfermedad para matar el tiempo. Pues nada, dicho viejecito estaba solo cuando llegue, muy hábil yo, que de esto se un poco, evite sentarme al lado suyo. A los cinco minutos llega otro individuo y el sí se sienta al lado suyo. Lo que está claro que iba a suceder, sucedió. El abuelete empezó a hablar con el hombre que acaba de entrar, más bien aquello era un monologo,... le contaba sobre sus nietas y sobre sus operaciones, a parte de muchas otra cosas, imagínate lo que da tiempo a contar en una interminable espera de la seguridad social. Pues nada, la victima cada vez abría los ojos más. Hasta que llega una mujer (su esposa imagino) y empiezan a hablar por lenguaje de signos... imagínate las caras de los que estábamos allí... Homenaje a Alain Resnais IINo pudo sostener el Estado aquel jardín botánico adornado con demadiadas plantas exóticas y poseedor de los mejores arboles del Indostán. Los catorce botánicos que lo cuidaban fueron suspendidos de empleo y sueldo, y sólo quedó un guardián en la puerta. El jardín botánico solitario se dedicó a los cruces más extraños y la sófora japónica se enlazó con el almez común. La indisciplina en un jardín botánico es algo pavoroso, y todos los árboles, arbolitos, arbustos y macetas se arrancaron el cartelito del cuello. Pero nada de eso hubiera sido malo en la rebelión de los árboles y en la confusión del jardín botánico si no hubiese sucedido que de entre la maraña que había borrado senderos, surgieron tan temibles serpientes y tal desgreñamiento de víboras, que hubo que envenenar y quemar al botánico en libertad. Siempre que entra el buen tiempo, me gusta dejar abiertas las puertas del balcón para que entre el aire por toda la casa. Cuando no tengo nada que hacer, me gusta asomarme y escuchar el ruido de la gente y los coches, y ver las mismas mujeres de siempre pasar con su compra hecha, y las mismas personas sentadas en el bar de enfrente. El aire que viene del parque de al lado es fresco, pero cuando llegan las doce de la mañana, el olor del bar va ganando terreno al aire limpio y voy sintiendo el aroma a marisco al principio un poco, y después cada vez más. A veces, cuando estoy sentado en el ordenador, me da la sensación de que una gamba gigante ha entrado por el balcón y, lanzándose contra mí, de espaldas, de repente me ha chupado la cabeza. Mi aversión por la burocraciaEra antes de mediodía, me dirigía hacia la oficina de correos, entré, y pasando una cabina donde un guardia de seguridad escuchaba la radio, entré a la sala donde todo el mundo está de pie. Cogí turno y esperé mientras ojeaba unos folletos que había sobre el mostrador central. Cuando terminé de leerlos todos, levanté la cabeza y ya sólo quedaban algunos delante de mí. La sala se estaba quedando vacía, se acercaba la hora de comer y hacía demasiado calor dentro. Me puse a mirar a los culpables de que llevara cerca de una hora esperando, entre sus caras, detrás del mostrador podías verlos murmurando consigo mismos, corriendo hacia todos lados en un arrebato de pánico, hasta incluso uno, que me llamó la atención, fumándose un cigarrillo mientras observaba como nos estábamos derritiendo de calor. Pero lo que más me sorprendió fue ver a un hombre gordo, sudoroso, como lloraba en un rincón tapándose la cabeza con los brazos. Fue a partir de ahí cuando me di cuenta que aquello no era demasiado normal. Y fue también entonces cuando me di cuenta de que aquel hombre que hablaba solo, con expresivos movimientos de brazos, no estaba solo, sino contándole a una percha cómo se prepara el escalopea la plancha; y esa mujer que no dejaba de correr, llevaba un hueso en la boca mientras emitía sonoros ladridos. Asustado, me di la vuelta y empecé a andar rápido para salir de aquella casa de locos lo más rápido posible, pero fue demasiado tarde. Un enfermero que medía casi dos metros me cogió del hombro, y arrastrándome me llevó a mi habitación tras darme dos pastillas y quedándome completamente dormido. A el funcionario de Correos y Telégrafos que me atendió tan amablemente ayer Posibilidades de la abstracciónTodo en blanco y negro. Un pequeño pueblo costero del sur de Grecia. Una calle ancha que bordea el mar. Un día soleado y caluroso. Niños corriendo detrás de una pelota, giran la esquina y chocan con una mujer que suelta una caja que, se abre al chocar contra el suelo que, deja en libertad un par de gallos que mueven sus alas mientras chocan con los niños. Un hombre de mediana edad monta un velero tensando las cuerdas con unas duras manos llenas de pequeñas heridas. Mientras todo esto ocurre, cierro los ojos. Un golpe de aire rompe de nuevo el silencio. Me despierto y comienzo a caminar. Cinco minutosTodo tenía que ir rápido, no se podía cometer el más mínimo fallo. Cuando Moncada entró al garaje, allí estaban esperándolo para recordarle las instrucciones que le habían dado por la mañana: parar con el motor en marcha por el lado del restaurante, y esperar a que llegara a eso de las siete a encontrarse con los amigos a tomar algo. Era cuestión de suerte y de cálculo, un simple gesto, saber meterse en el tráfico y dar una vuelta completa. Subió la rampa y dió un par de vueltas a la manzana esperando a que aquel camión le dejara sitio. Todavía sobraban un par de minutos. De cuando en cuando apretaba un poco el acelerador para mantener el motor caliente; no quería fumar, pero le estaba costando mantener la tranquilidad. A las siete en punto, lo vio venir a lo largo de la calle. Con una ojeada a la vitrina del café, calculó lo que tardaría en cruzar la calle. Puso el coche en marcha y sacó el brazo por la ventanilla. Tal y como había previsto, no pudo evitar ser descubierto, lo vio y se quedó sorprendido. La primera bala le dio entre los ojos, Moncada disparó de nuevo al montón, que se tiraron instintivamente al suelo. El coche huyó rápidamente cruzando la diagonal, nervioso, no dejaba de mirar el espejo retrovisor por temor a que pudieran haber salido detrás suyo. Ésta fue la causa que le hizo no poder esquivar, dos calles después, el tranvía que le arrolló por su lado derecho dejando un coche destrozado, y, que le hizo pagar con su vida el precio de la otra. Nunca un viernes fue tan no-viernesPoético ensayo al conjuro efluente cristífero lo que tiembla no es ella, es la sombra que encierraHomenaje a Alain Resnaistras un pasillo y una puerta que se abre a otro pasillo, que sigue hasta perderse desde un pasaje que conduce a la escalera que remonta a las terrazas hasta una alcoba en la que espera una mujer de blanco al término de un largo recorrido en una operación combinatoria en la que el muerto boca abajo es otra indagación que recomienza ante un espejo que denuncia o acaso altera las siluetas Nueva visita a VeneciaDuro es para el abogado defensor comunicar a su cliente que el recurso de gracia había sido denegado; Maitre Rolland vomitó al salir de la celda donde Robert, sentado al borde del camastro, miraba fijamente al vacío. Se despidieron por última vez a través de la rejilla de la puerta mientras el policía, impaciente, les indicaba la salida. Subidos ya en el barco para salir de la ciudad, Rolland se sentó y, mientras se alejaban, asomado a la ventanilla, no pudo evitar pensar entre lamentos lo que podría haber cambiado todo si le hubiera dicho la verdad. No me preguntes si te hecho de menos, porque no podría mentirEstaba casi a punto de quedarme dormido, pensando en qué estarías haciendo y en el tiempo que llevábamos sin saber nada el uno del otro. Me di cuenta de que éste era el momento preciso para llamarte que tanto me había costado encontrar. Salí de la habitación del hotel sin hacer ruido, y mientras caminaba a lo largo del pasillo iba buscando tu nombre en el móvil. Abrí una puerta con un letrero que ponía salida de emergencia, que daba a una escalera de metal. Subí unos cuantos peldaños para que no pudieran verme desde el pasillo y te llamé. Hacía un poco de viento, estaría en el séptimo piso y ver el suelo a través de la rejilla bajo mis pies daba un poco de vértigo, pero poder ver las luces reflejadas en el mar aquella noche hacía que todo fuera especial, y, sobre todo, volver a hablar contigo despues de varios meses y más aún sin vernos. Me alegró muchísimo volver a oír tu voz, estuvimos hablando casi una hora que pasó como un sólo segundo. Nos despedimos prometiéndonos que nos veremos este verano sin falta, aunque creo que los dos sabemos de antemano la improbabilidad de vernos de nuevo. Me parece que lo que pasa es que nos gusta engañarnos mutuamente, aunque sólo sea por la felicidad que produce la esperanza de estar de nuevo juntos. Bueno, quizás esto no sea del todo cierto, quizás no sea por la esperanza sino por la tristeza de pensar que no nos volveremos a ver. Una de indios y de vaquerosCon cautela, continuaron la travesía despacio, ascendiendo por la montaña. El desierto hacía tiempo que lo habían dejado atrás, y la vegetación empezaba a aparecer junto al camino. El sol estaba perdiendo fuerza y en menos de una hora empezaría a atardecer. Estudiaron la zona y pensaron acampar en una pequeña explanada que había al fondo del desfiladero que atravesaban cuando, de repente nos vimos asaltados por un grupo de unos cuarenta indios. -Cuidado!, a tu derecha -dijo un niño que estaba sentado dentro del carro que conducía- Rápidamente, desenfundé la pistola y le disparé, y en pocos minutos de disparos y golpes, quedaron todos los indios, y muchos de los nuestros, en el suelo, entre la sangre y el barro. De pie, y contemplando la escena, tan sólo quedábamos unos pocos hombres y las mujeres y niños que habían permanecido dentro de los carros. Pero, al fondo del camino, pude ver cómo quedaba un indio que me estaba apuntando con una pistola que no alcanzaba a reconocer como de las nuestras. Disparó un rayo láser a mis pies que provocó un pequeño agujero en el suelo. En cuestión de décimas de segundo, el agujero aumento su tamaño vertiginosamente invadiendo de negro todo cuanto veía. Quedé en la más completa oscuridad, absorvido por ese extraño punto que había acabado con cualquier forma de luz existente. Lo único que alcancé a ver, fueron unas letras grandes que mostraban la palabra "FIN". Sobre la exterminación de los cocodrilos en Auvernia ...conmovió, nos cambió. No obstante, los técnicos decidieron seguir trabajando en los saludos que me habían dejado los cristales empañados frente al infaliblemente territorio, confirmado por el diario Le Monde en vísperas de partir aquel sábado de Junio...La vulnerabilidad de las cosas efímeras (2) segunda parteAl principio, la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca o el bip bip de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que han hecho la estupidez de regresar a París un domingo por la tarde y, han tenido que ponerse al paso, detenerse, poner en marcha el motor, avanzar tres metros, detenerse ( ya se sabe que los domingos la autopista está reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor, avanzar tres metros, detenerse, charlar con las dos monjas del 2HP a la derecha, con la muchacha del Dauphine a la izquierda, mirar por el retrovisor al hombre pálido que conduce un Caravelle, envidiar irónicamente la felicidad del matrimonio del Peugeot 203(detrás del Dauphine de la muchacha, que juega con su niñita y hace bromas y come queso y y hasta bajarse de los autos y explorar sin alejarse mucho, antes de que se reanude la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos. homenaje a Julio Cortázar (1914-1984) El dadaísmo se basa en principios falsos o no encuentro un título apropiado que realmente me convenzaDecidí no esperarla aquella tarde. Estaba un poco cansado, y también creo que tuvo que ver el hambre que me estaba entrando al ver a aquel niño comiéndose un bocadillo sentado en un banco frente al mío. Así es que, cuando empezaron a caer las primeras gotas, y el señor aquel con el mono verde recogió la cortadora de césped, sentí la necesidad de coger el metro e irme a ver algún barrio nuevo de la periferia. Esto nunca se lo he hecho, y la verdad, no se cómo se lo tomará. No se si lo he hecho porque pienso que tenemos ya suficiente confianza como para poder justificarle con una llamada dentro de media hora, la causa de mi ausencia; o por el contrario, creo que me está empezando a cansar, y no me importa que se enfade conmigo, es más, creo que es eso exactamente lo que pretendía. En fin, ya he tomado la decisión, y quizás haya sido un poco precipitada, pero estas cosas son así, y de repente me han venido a la cabeza la de cosas que me hacen darme cuenta de que lo nuestro no tiene futuro. Llegué demasiado tarde o la vulnerabilidad de las cosas efímeras (1)El reloj marcaba las siete mientras Marina dejaba la mirada perdida sobre los tejados de Montmartre, a través de la ventana de su habitación, cada tarde, tumbada sobre la cama, sentía como París cambiaba de color . La luz del atardecer iluminaba toda la habitación creando sombras cada vez mayores. Al cabo de un rato, tan solo los pequeños puntos de los automóviles indicaban vagamente el recorrido de la entrada sur de la ciudad. Ella sabía, que en alguno de esos coches iba él, en algún puntito de esos que estaban ahí, al fondo, moviéndose lentamente, pero la verdad, no concebía la idea de volver a verlo habiendo pasado tanto tiempo, y le dolía que de algún modo, toda esa complicidad y esa confianza había sido desgastada por el paso de los días hasta haberla convertido en un frágil vínculo que tendía a desaparecer. Un piloto mejicano descubre una avanzadilla de extraterrestres.Iba de repente por un camino junto a chopos, álamos y malezas, rodeando un río. Muy por encima podía ver un puente de hierro que unía las dos montañas que me rodeaban. El desfiladero de la izquierda giraba sobre mí, y tras él aparecía un Tiranosaurius Rex lanzando rayos láser por los ojos, los cuales provocaban enormes llamaradas allí donde disparaba. El bosque que cubría la montaña justo enfrente, estaba delimitado por una franja de fuego que recorría de arriba a abajo. Arriba, a mi izquierda, escombros de edificios caían a mi lado por el precipicio, y yo los esquivaba como podía. De repente, un golpe de viento, bruscamente, me escupe sobre la montaña, quedando yo tirado en medio de un claro de bosque. Contemplando lo que me rodeaba, dentro de esa inmensa selva, donde tanto el calor como la humedad son insoportables, una flecha me rozó. Asustado pude ver que ésta procedía de un grupo de indígenas, que corrían hacia mí portando largas lanzas en sus manos de un modo poco conciliador. Logré escapar lanzándome al río, y cuando divisé la catarata que había a unas pocas decenas de metros, no me quedaban fuerzas, ya no podía hacer nada por evitarla. Sentía como la corriente se hacía cada vez más rápida hasta que me ví inmerso en el vacío. El sol tropical se tornó en una completa oscuridad en la que todavía sigo metido. He perdido la cuenta del tiempo que llevo aquí, sentado en este pequeño asteroide, esperando a que venga a rescatarme la nave que me perdió. Gasto el tiempo escribiendo en un pequeño cuaderno que encontré, y siento no poder seguir paseando por aquel tranquilo páramo. De repente escucho un sonido monótono y familiar, constante y desagradable. Abro los ojos y entraban rayos de sol por la rendija de la persiana. Me siento más ligero, me estoy separando de mi cuerpo poco a poco. Siento unirme con esa luz. Ahora, desde aquí, puedo ver a mi perro observando un cuerpo, que un día fue mío, en estado de putrefacción. Bueno, creo que a lo mejor ya sí que sé porqué la familia Schödinger nunca tuvo un gato.A veces lo giro, y: patapúm! Aparece y no me doy cuenta. o quizás si, quizás si que sabía que iba a aparecer. Pero ahora no, no tengo fuerzas para hacerlo, estoy muy cansado, y por mucho que lo intente, si no es con una pizca de casualidad no voy a conseguir verlo hasta dentro de un rato. La situación era insostenibleEntraba por todos lados, los pasillos y galerías se estaban inundando y ya poco se podía hacer. El pánico se apoderó de la situación mientras la inclinación era cada vez mayor. La parte que quedaba temporalmente visible iba sumergiéndose hasta que llegó el punto en el que dejó de asomarse. Entonces pude darme cuenta de la situación, y pude reaccionar a tiempo. Metí la cuchara en el tazón de nesquik y me comí la galleta. Noche inventada o porqué la familia Schödinger nunca tuvo un gato.Me estaba asomando por la ventana para ver si coincidía con alguien. No había nadie detrás de ninguna ventana, aunque, lo que sí que vi fue a un anciano hablando con un gato. Línea 2Próxima estación: Canal. El monótono vaivén que al principio me molestaba, pasó por rutina a no distraerme de las cosas que iba pensando aquella tarde. Frenó demasiado rápido. Con un acto reflejo me agarré a la barra del techo, dando un paso en falso. Sonreí para mí mismo. Tres o cuatro cuerpos por delante de mi pude ver a través de los huecos que dejaban los cuerpos de los pasajeros, cómo ella sintió corresponder esa sonrisa. Sin saber por qué bajé la mirada y salí intentando evitarla por la puerta que estaba a mis espaldas. Pensando en esto, subí las escaleras del metro, entonces ,sin querer, me giré y sonriendo me pidió que la acompañara a tomar algo Olvidé que dejé el grifo abiertoLa habitación me hubiera parecido normal, de no ser por aquel círculo sobre la alfombra. Elegimos ese hotel porque nos resultaba cómodo no tener que madrugar mañana para visitar los sitios que teníamos previstos, a menos de cinco minutos, y sin darte cuenta, estabas en el anfiteatro. Ella estaba en la ducha, eran principios del verano y los días cada vez eran más calurosos de lo normal. Yo me tumbé en la cama con la ropa puesta para descansar la espalda de tantas horas de pie, a los pocos minutos decidí asomarme, la curiosidad superó al cansancío y empecé a mirar el fondo de ese agujero que había sobre la alfombra. Sorprendido pude ver un gran palacio con jardín y un extraterrestre que me guiñó el ojo. Nos llevamos bien. Hace unos tres años de aquello y vivimos juntos en el palacio. Él me toca el piano, y yo cuido el jardín con esmero. En realidad es un poco cabezota, y a veces discutimos, pero en el fondo yo sé que me quiere un montón, y quiero estar con el para siempre. A veces le confundo con mi antigua esposa, nunca soporté eso que se ponía en la cara. Ese carácter tan egocéntrico no lo pude soportar, y era tan superficial...Bueno, quizás su madre también tuvo algo de culpa. |
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