experimentos con gaseosaweblog de serie B
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Cinco minutosTodo tenía que ir rápido, no se podía cometer el más mínimo fallo. Cuando Moncada entró al garaje, allí estaban esperándolo para recordarle las instrucciones que le habían dado por la mañana: parar con el motor en marcha por el lado del restaurante, y esperar a que llegara a eso de las siete a encontrarse con los amigos a tomar algo. Era cuestión de suerte y de cálculo, un simple gesto, saber meterse en el tráfico y dar una vuelta completa. Subió la rampa y dió un par de vueltas a la manzana esperando a que aquel camión le dejara sitio. Todavía sobraban un par de minutos. De cuando en cuando apretaba un poco el acelerador para mantener el motor caliente; no quería fumar, pero le estaba costando mantener la tranquilidad. A las siete en punto, lo vio venir a lo largo de la calle. Con una ojeada a la vitrina del café, calculó lo que tardaría en cruzar la calle. Puso el coche en marcha y sacó el brazo por la ventanilla. Tal y como había previsto, no pudo evitar ser descubierto, lo vio y se quedó sorprendido. La primera bala le dio entre los ojos, Moncada disparó de nuevo al montón, que se tiraron instintivamente al suelo. El coche huyó rápidamente cruzando la diagonal, nervioso, no dejaba de mirar el espejo retrovisor por temor a que pudieran haber salido detrás suyo. Ésta fue la causa que le hizo no poder esquivar, dos calles después, el tranvía que le arrolló por su lado derecho dejando un coche destrozado, y, que le hizo pagar con su vida el precio de la otra. 06/06/2004 10:53 Enlace permanente. Tema: micro-relatos. Comentarios » Ir a formulario |
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